Mi hijo camina en puntas de pies: ¿es normal?
Cuando un niño camina en puntas de pies durante los primeros años de vida, puede ser algo frecuente mientras está aprendiendo a caminar. En muchos casos desaparece espontáneamente a medida que madura la marcha.
Sin embargo, si un niño continúa caminando en puntas después de los primeros años de vida, lo hace de manera frecuente o esta forma de caminar aparece después de haber caminado normalmente, es importante estudiarlo. La marcha en puntas puede ser una característica aislada y sin una causa médica identificable (lo que se conoce como “marcha en puntas idiopática”), pero también puede ser la primera manifestación de una enfermedad neurológica, neuromuscular u ortopédica.
¿Cuáles pueden ser las causas cuando un niño camina en puntas de pies?
Entre las principales posibilidades se encuentran:
- Marcha en puntas idiopática: el niño presenta un desarrollo y examen neurológico normales, pero mantiene esta forma de caminar. Es un diagnóstico de exclusión.
- Acortamiento o rigidez del tendón de Aquiles y de los músculos de la pantorrilla, que dificulta apoyar el talón.
- Condiciones neurológicas, como algunas formas de parálisis cerebral.
- Enfermedades neuromusculares, especialmente algunas enfermedades musculares, como las distrofias musculares. También pueden existir otras enfermedades del nervio o del músculo que alteren la fuerza y el patrón de marcha.
- Condiciones del neurodesarrollo, en las que la marcha en puntas puede ser más frecuente. Por ejemplo, puede verse en niños que están dentro del espectro autista o presentan un trastorno por déficit atencional (TDAH).
¿Cuáles pueden ser las causas cuando un niño camina en puntas de pies?
Es especialmente importante realizar una evaluación neurológica cuando la marcha en puntas es persistente o cuando se acompaña de otros signos o síntomas, tales como:
- Inicio luego de un período de marcha que era normal.
- Si la marcha en puntas de pies es “asimétrica”, es decir, es más marcada en una pierna que en la otra.
- Si existe debilidad, se cae con frecuencia o tiene dificultades para correr, subir escaleras o levantarse del suelo.
- Si tiene rigidez o pérdida de movilidad de los pies.
- Si hay pérdida o retroceso en habilidades motoras que ya había logrado.
La evaluación clínica neurológica permite determinar si se trata de una variante “normal” de la marcha o si existe alguna condición médica que requiera estudios adicionales. Dependiendo de los hallazgos, pueden ser necesarios exámenes complementarios como sangre, estudios electrofisiológicos o genéticos.
El tratamiento depende de la causa, siendo importante conservar los rangos de movimiento del tobillo para evitar contracturas, para lo cual se sugiere tratamiento de kinesiología